apiectomia

Actualizado: 30 julio, 2021

La apicectomía es una intervención quirúrgica cuyo propósito es el tratamiento de una infección en la raíz del diente. También se la conoce como cirugía endodóntica y se realiza en la parte periapical, lo que la diferencia del tratamiento conducto. 

A continuación nos enfocaremos en la apicectomía, también conocida como cirugía del conducto radicular, para conocer en qué consiste, sus diferencias con el tratamiento de la endodoncia, su tratamiento y el postoperatorio de la apicectomía. 

¿Qué es la apicectomía?

Para comenzar, la apicectomía además de ser conocida como cirugía del conducto radicular, se le conoce como cirugía endodóntica, y consiste en una intervención del tipo quirúrgica cuyo fin es tratar algún proceso infeccioso en la raíz del diente. 

En líneas generales la apicectomía o cirugía del conducto radicular, elimina una infección no sólo en alguna pieza dental sino también en los tejidos adyacentes. Se ejecuta cuando otros tratamientos (como la endodoncia) no han solventado el problema. 

Así mismo, el tratamiento de la cirugía del conducto radicular (apicectomía), es aplicable cuando se dificulta tener acceso al extremo final de la raíz, si el paciente tiene falsos conductos en la pieza dental, o si algún diente ha sufrido alguna fractura. 

Como se dijo anteriormente, la apicectomía, se lleva a cabo cuando, por ejemplo, la endodoncia no surte efecto, y en esos casos es porque la infección no se ha logrado detener e inclusive ha llegado hasta la raíz del diente. 

En estos casos, en un alto porcentaje se aprecia la aparición de granuloma o pequeño quiste periapical en la pieza dental. 

La cirugía del conducto radicular, con una alta tasa de frecuencia, se ejecuta mediante algunas herramientas especializadas que incluyen la ayuda de un microscopio, y es considerada una microcirugía. 

En la mayoría de los casos, la apicectomía se lleva a cabo cuando se presentan las siguientes circunstancias: 

  •  Si el área afectada se encuentra muy cercana al seno maxilar. 
  • Cuando se ha producido mucha destrucción de la porción radicular. 
  • Si se ha alcanzado la zona media de la raíz del diente, que supone una destrucción del hueso. 
  • En procesos agudos, donde existe excesivo sangrado y la anestesia local no es suficiente. 

Diferencias con la endodoncia

En primera instancia, para muchos, cuando se habla de la apicectomía y la endodoncia, este último término resulta más conocido. 

El procedimiento de la endodoncia permite la eliminación de la pulpa dental que presenta la infección, o en otras palabras consigue eliminar (matar) el nervio. Este procedimiento tiene como premisa salvar el diente afectado, en algunos casos no es eficaz debido al grado de severidad de la infección detectada. 

En términos estadísticos, el tratamiento de la endodoncia tiene un 90% de casos exitosos, y es un proceso de gran aplicación en muchas clínicas dedicadas a la salud dental. 

No obstante, existen casos en que la endodoncia no es suficiente para eliminar la infección, lo cual puede deberse a la presencia de microorganismos que complican la infección, que se logra hacer resistente a los procedimientos de limpieza. 

Es por ello que, si la endodoncia no es suficiente, y se tiene la premisa de conservar el diente, es donde se lleva a cabo el tratamiento de la apicectomía o cirugía del conducto radicular. 

Por otro lado, así como existen los casos en que se recomienda la aplicación de la apicectomía, cuando no funciona la endodoncia, también existen circunstancias en las que no es recomendable aplicar la apicectomía, tales como: 

  • Cuando el diente tiene fracturas longitudinales. 
  • Si el paciente tiene problemas de coagulación, que puedan ocasionar hemorragias sin control. 
  • Cuando está presente alguna enfermedad más avanzada, del tipo periodontal, tal es el caso de la piorrea.

Tratamiento de la apicectomía

Antes de dar inicio al tratamiento de la apicectomía, es preciso que el especialista realice un diagnóstico exacto de cada caso, mediante la aplicación de radiografías y hasta un sondaje (con una sonda periodontal). Esto con el fin de poder examinar tanto la pieza dental como el tejido circundante al mismo. 

Este tipo de sondaje, en ocasiones se lleva a cabo bajo anestesia local. 

También es importante complementar el estudio, mediante un análisis completo del historial médico del paciente. 

Ahora bien, una vez que el especialista ha decidido que el mejor tratamiento es una apicectomía o cirugía del conducto radicular, se procede de la siguiente manera: 

  • En primer lugar, la cirugía de conducto radicular, se lleva a cabo mediante anestesia local, usando para tal fin una inyección que adormezca a la zona ser intervenida y evitar que el paciente siente dolor.
  • Posteriormente, el médico realiza una incisión pequeña sobre la encía para exponer la infección, en el extremo de la raíz de la pieza dental.
  • Seguidamente, se elimina el tejido que presenta la infección, así como también una pequeña porción (de apenas milímetros) de la punta de la raíz.
  • En muchos casos, se usa una tinta para poder visualizar con más facilidad las fracturas o grietas.
  • Posteriormente, se usa un microscopio para visualizar los conductos diminutos, aplicando una limpieza con algún instrumento de tipo ultrasónico. Luego se hace un relleno con material inerte y se hace un sellado con empaste.
  • Para culminar, se aplica un injerto pequeño de tipo óseo en el lugar afectado, y luego de hacer el cierre de la encía mediante una sutura.

Postoperatorio de la apicectomía

Tan importante como el tratamiento quirúrgico en sí mismo, son las recomendaciones posteriores que debe llevar a cabo el paciente para evitar posibles complicaciones, y lograr la máxima efectividad del procedimiento. 

Por ello, el especialista dental recetará medicamentos del tipo antiinflamatorios o analgésicos con el fin de reducir la hinchazón en la zona. 

Así mismo, se puede aplicar un tratamiento en base a medicamentos antibióticos para evitar infecciones en el futuro o durante el proceso de recuperación. 

Por lo general, las suturas, luego de 2 semanas desde la fecha del tratamiento; pasarán desapercibidas. Y los tejidos se recuperan pasados 6 meses. 

 Estos tiempos son aproximados, pero es importante que el paciente lleve a cabo las recomendaciones del especialista.

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